sábado, 30 de noviembre de 2013

El agradecimiento es la memoria del corazón


Esta es una hermosa frase de Lao Tse para describir una actitud de vida muy preciada por todos los que intentamos día a día trabajar en la disciplina del autoconocimiento.

El problema radica en que los hombres tenemos muchas cosas guardadas en nuestra memoria, pero no la del corazón, sino la situada en el cerebro, allí hay dolores, enojos, frustraciones, por eso, llegar a conciliar ambas implica un gran desafío.

Cada vez que nos sentimos lastimados por el medio que nos rodea, nuestro corazón se cierra, como una forma de auto protegerse y es en ese preciso momento, cuando sin quererlo, nos estamos quitando la vida, porque anulamos una de las funciones más importante que posee, la de “abriese sin medida ni condición”.

Cuando nuestra memoria ha elegido guardar sólo lo triste del pasado, esconder o negar los buenos momentos vividos, nos queda muy poco material para construir un próspero presente. Pasamos a convertimos en seres agonizantes cuyos pensamientos y acciones equivocadas van creando una realidad paralela, que reafirma y eterniza ese malestar.

La tarea consiste entonces en desprenderse de los recuerdos acumulados en nuestro cerebro emocional y así brindarle una oportunidad al olvidado corazón. Proponiéndonos albergar en él sólo lo digno de ser recordado, lo que nos engrandezca a nosotros y a los seres que caminan a nuestro lado.

El agradecimiento es una clara manifestación de un corazón activo, uno que late y en su movimiento va enseñándonos a valorar cada detalle, cada palabra, cada caricia, cada momento compartido, cada nuevo despertar. Un corazón que se detiene siempre a mirar a su alrededor y a concienciar lo bien que está en relación a otros tantos seres. Y que no se contenta sólo con ver esto sino que busca brindar su ayuda y fundamentalmente agradecer por el “simple” hecho de estar vivo y poder marcar una diferencia.

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