miércoles, 5 de enero de 2011

Historia de la Rayuela

Historia de la rayuela
Sobre las baldosas percudidas y grises de la vereda una mano infantil trazaba con tiza los casilleros de la rayuela, repitiendo candorosamente un gesto milenario y de compleja significación, cuyas claves quizá se mezclan en algún momento arcaico con las raíces de la poesía y del arte. La niña que había trazado el diagrama ignoraba que el juego que se aprestaba a practicar con la ayuda de un pequeño tejo ya era conocido en la Grecia clásica con el nombre de escolias, y en la Roma Imperial con el de juego de las odres, y seguramente le hubiesen causado mucha gracia los nombres con que se lo conoce en otras partes del mundo: infernáculo, pata coja, calajanso o tejo en España; truccino, paradiso o strangallucce en Italia; hop scotch en Inglaterra; munzenwurfspiel en Alemania; marop en la India, etc.

Arcaica y universal, la rayuela constituye, corno muchos otros juegos, un pequeño enigma etnológico para los estudiosos, que no se han puesto todavía de acuerdo sobre sus orígenes y le han atribuido, como a los naipes, significados míticos, mágicos, religiosos, cabalísticos, etc., relacionándola con los progresos del alma, con ceremonias y ritos de pasaje, con el laberinto y la espiral, etcétera.

El arraigo y difusión de la rayuela en América, a partir de la Conquista, ha sido notable. Se la juega en Chile con el nombre de luche o mariola, en México con el de tejo pijije, en Santo Domingo con el de trucamelo, en Colombia con el de coroza, en Argentina con los de rayuela, tejo, luche, gambeta, tilín tuncuna, etc., y así sucesivamente. El antropólogo argentino Eduardo Menéndez ha realizado un valioso análisis etnológico del tema, que hemos seguido para elaborar esta reseña, y en el que apunta para nuestro país (Argentina) aproximadamente 15 tipos de diagrama; básicos, al mismo tiempo que variantes como las rayuelas "Caracol", "cuadrada" y "aeroplano".

En el citado trabajo (“Aproximaciones al estudio de un juego: la rayuela”, publicado en 1963 en los Cuadernos del Instituto Nacional de Antropología), suministra una completa descripción de sus características sobresalientes: “Se traza en el suelo (de tierra, piedra o suelo artificial) un diagrama constituido generalmente por una serie de rectángulos coronados por un semicírculo. El número de casillas varía en nuestras rayuelas entre 6 y 16, predominando las que están constituidas por 9 u 11 compartimientos; las rayuelas recogidas bibliográficamente para el resto de América dan aproximadamente los mismos resultados. Para el Viejo Mundo, en cambio, parecen predominar las rayuelas constituidas por 7 ó 9 casillas, lo cual como luego veremos, se relaciona con ciertas hipótesis existentes respecto del origen de este juego”.

“Se numeran los distintos compartimientos, a los que también suelen dárseles diversos nombres. Los jugadores, que pueden ser dos o más, poseen tejos personales o colectivos, hechos de madera, piedra, hierro, etc., que van arrojando a las sucesivas casillas de donde tendrán que ser sacados. El modo de hacerlo es el siguiente: el primer jugador arroja su tejo al primer compartimiento, entra a pie cojo, y lo patea o lo levanta, para luego salir en la misma forma en que entró; lo mismo hace con las otras casillas, hasta llegar a la última. El tejo puede ser sacado de uno o varios puntapiés”.

“En algunas de las casillas que reciben el nombre de “Descanso” así como en la casilla final, que generalmente se denomina “Cielo", “Gloria” o “Paraíso”, el jugador puede asentar ambos pies. En otras casillas, que generalmente reciben el nombre de “Infierno” o “Mundo”, no se puede hablar, y algunas veces deben saltearse, es decir, ni el tejo ni los jugadores pueden tocar dichos compartimientos”.

“En una zona caracterizada por un cuadrado o rectángulo, dividido por diagonales y que generalmente ocupa los números centrales, el jugador debe saltar con las piernas abiertas, colocando cada pie en los triángulos laterales que se constituyen”.

“El jugador pierde cuando asienta ambos pies en casillas donde ello no es permitido, cuando pisa las líneas del diagrama, cuando el tejo al ser, pateado sale lateralmente y no por el trazado de la figura, cuando al arrojar el tejo éste queda sobre una raya o en una casilla distinta de la prefijada, cuando habla en los distintos lugares donde debe permanecer callado, cuando equivoca el recorrido del diagrama”.

“El juego puede concluir en el primer recorrido, o más frecuentemente, pueden repetirse las vueltas, pero añadiéndose algunos elementos que hacen cada vez más difícil llegar a la última casilla sin perder; por ejemplo, llevar el tejo sobre el pie, en la mano, en un dedo (generalmente el índice) o en la frente, atravesar el diagrama con los ojos vendados o cerrados, avanzar de espaldas saltando a pie cojo”.

“Casi siempre el juego implica competición, pero a veces pareciera no existir tal actitud; el juego se limitaría a que todos llegasen al final sin que importe demasiado quién gane”.

Algo más...

“La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el cielo, abajo está la tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas, (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la tierra y remontar la piedrita hasta el cielo, hasta entrar en el cielo (…), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia… se olvida que para llegar al cielo se necesitan como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato”. (Cortázar).

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