lunes, 8 de junio de 2009

Una Leyenda China

Una Leyenda China

Sus temperamentos eran muy diferentes y Lin se irritaba con los hábitos y costumbres de su suegra, que la criticaba cada vez con más insistencia.

Pero Lin, que no soportaba por más tiempo la idea de vivir con su suegra, tomó la decisión de ir a consultar a un Maestro, viejo amigo de su padre.

Después de escuchar a la joven, el Maestro Huang tomó un ramillete de hierbas y le dijo:.

“Para que te libres de tu suegra, no las debes usar de una sola vez, pues eso podría levantar sospechas. Las vas a mezclar con la comida, poco a poco, día por medio, y así la irás envenenando lentamente.

Pero, para tener la certeza de que, cuando ella muera, nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado en tratarla siempre con mucho cariño. No discutas y ayúdala a resolver sus problemas”.

Lin respondió:.

“Gracias, Maestro Huang, haré todo lo que me recomiendas”. Lin se quedó muy contenta y volvió entusiasmada con el plan de asesinar a su suegra.

Durante varias semanas Lin sirvió, día sí, día no, un refrigerio preparado especialmente para su suegra.

Y tenía siempre presente la recomendación del Maestro Huang para evitar sospechas: Controlaba su temperamento, obedecía a su suegra en todo y la trataba como si fuera su propia madre.

Pasados seis meses, toda la familia estaba cambiada. Lin controlaba bien su temperamento y casi nunca se disgustaba. Durante ese tiempo no tuvo una sola discusión con su suegra, que también se mostraba con ella mucho más amable y más fácil de tratar.

“Maestro, por favor, ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi suegra. Es que ella se transformó en una mujer agradable y ahora la quiero como si fuese mi madre. No quiero que ella muera por causa del veneno que yo le he dado.”

El Maestro Huang sonrió y movió la cabeza:.

“Lin, no te preocupes. Tu suegra no cambió. Quien cambió fuiste tú.

Las hierbas que te di son vitaminas para mejorar la salud. El veneno estaba en tus actitudes, pero fue sustituido por el amor y el cariño que comenzaste a darle”.

En la China hay un proverbio que dice:.

“La persona que ama a los otros también será amada”.

Y los árabes tienen otro proverbio:.

“Nuestro enemigo no es aquél que nos odia, sino aquél a quien nosotros odiamos”.

Las personas que más te dan dolores de cabeza hoy, podrían ser las que te darán más alegrías en el futuro.

Invierte en ellas... cultívalas, escúchalas, cruza su mundo con el tuyo. Planta semillas. No esperes resultados inmediatos... coséchalas con paciencia.

Ésa es la única inversión que jamás se pierde. Si las demás personas no ganan, tú ganarás, al menos, experiencia y paz interior.

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