martes, 26 de agosto de 2008

Plegaria de un Niño

Plegaria de un niño

La semana pasada llevé a mis niños a comer a un estaurante.

Mi hijo de seis años me preguntó si podía bendecir la mesa antes de comer lo que nos habían traído.

Mientras inclinamos nuestras cabezas, y plegamos nuestras manos, mi niño dijo:.

"Dios es bueno, Dios es grande. Te doy gracias por los alimentos que vamos a comer y te agradecería aún más si es que mamá nos da helado como postre. Y que haya libertad y justicia para todos. Amén".

Junto con algunas risas que provenían de las mesas de a lado, escuché a una mujer decir:.

"Eso es lo malo de este país. Los niños de hoy ni siquiera saben cómo rezar. Preguntarle a Dios por un helado. Que tontería".

Al escuchar tan duro comentario, mi hijo rompió a llorar y me preguntó si es que había hecho algo malo y si Dios estaría molesto con Él.

Lo abracé y le sequé sus lágrimas diciéndole que había hecho un magnífico trabajo y que Dios de ninguna manera estaría molesto con Él.

Tan pronto acabé de decir estas palabras cuando un anciano se aproximó a nuestra mesa. Le hizo un pequeño guiño a mi hijo, se agachó a su costado y le dijo:.

- "Estoy seguro que Dios pensó que fue muy buena tu oración".

- ¿En verdad?, respondió mi hijo.

- Totalmente seguro. Luego en susurros le dijo:.

"Es lamentable que ella -señalando a la mujer con el dedo- núnca le pida a Dios por un helado. A veces, un poco de helado es bueno para las almas".

Naturalmente compré helados para mis niños para el postre. Luego de terminar su helado, mi hijo se quedó un poco pensativo e hizo algo que nunca olvidaré por el resto de mi vida.

Sirvió un poco de helado en uno de los platos que había sobre la mesa y sin pronunciar ni una sola palabra caminó por el restaurante y se paró frente a la señora. Con una gran sonrisa Él le dijo:.

"Esto es para Ud. A veces, el helado es bueno para las almas y la mía ya tuvo suficiente"...


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