domingo, 8 de junio de 2008

El Amor y La Locura.


Cuentan que hace muchísimos años se reunieron algunos sentimientos y algunas cualidades del hombre...

Cuando el Aburrimiento bostezaba por tercera vez, la Locura propuso: vamos a jugar a las escondidas.

La Intriga se levanto extrañada, y la Curiosidad, sin poder contenerse, pregunto: ¿A las escondidas? ¿Y eso cómo es?...

“Es un juego en donde yo me tapo la cara y comienzo a contar, desde el uno hasta un millón, mientras ustedes se esconden. Cuando termine de contar, los buscaré hasta que los encuentre”, explico la Locura.

El Entusiasmo bailó de contento y la Alegría dio saltos que terminó de convencer a la Duda, e incluso a la Indiferencia, a la que nunca le interesaba nada.

Pero no todos quisieron participar. La Verdad prefirió no esconderse. ¿Para qué?, si al final siempre la hallaban.

La Soberbia pensó que era un juego muy tonto. En el fondo lo que le molestaba era que la idea no había salido de ella. Y la Cobardía prefirió no arriesgarse.

La Locura rápidamente comenzó a contar.

La primera en esconderse fue la Pereza, que como siempre, se dejó caer en la primera piedra que encontró.

La Envidia se fue detrás del Triunfo, quien por su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.

La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse. Cada sitio le parecía maravilloso para alguno de sus amigos.

El lago cristalino para la Belleza.

La hendija de un árbol era perfecta para la Timidez.

Una ráfaga de viento le parecía magnifica para la Libertad.

Por fin después de pensar primero en todos, la Generosidad termino ocultándose en un rayito de sol.

El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio. Era ventilado, cómodo, pero solo para el.

La Mentira se escondió detrás del arco iris.

Y la Pasión y el Deseo, entre los volcanes.

Cuando la Locura ya casi terminaba de contar, el Amor aun no había encontrado un sitio para esconderse, pues todo estaba ocupado.

Hasta que al fin vio un rosal y decidió esconderse entre sus flores.

“¡Un millón!”, dijo la Locura. Y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la Pereza que estaba a solo tres pasos.

A la Pasión y el Deseo, los sintió en el vibrar de los volcanes.

En un descuido encontró la Envidia. Y claro también encontró al Triunfo.

Al Egoísmo no tubo ni que buscarlo, pues el solito salió de su escondite que resultó ser un nido de avispas.

La Locura de tanto caminar sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la Belleza.

Encontrar a la Duda fue mucho más fácil. La encontró sentada aun sin poder decidir a donde se iba a esconder.

Así fue encontrando a todos…

El Talento estaba entre la hierba fresca.

La Angustia, en una oscura cueva.

La Mentira, detrás del arco iris.

Y hasta encontró al Olvido, que se había olvidado que estaba jugando a las escondidas.

Pero sólo el Amor no aparecía por ningún lado.

La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo de la tierra, en las cimas de las montañas.

Y cuando estaba por darse por vencida, vio el rosal.

Tomo un pequeño palo y comenzó a mover las ramas. De pronto escuchó un doloroso grito.

Las espinas habían herido los ojos del Amor.

La Locura no sabia que hacer para disculparse. Lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió acompañarlo siempre.

Desde entonces el Amor es ciego y la Locura siempre lo acompaña.

Por eso dicen que:.

“Amar es una locura, a menos de que se ame con locura”.



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