sábado, 27 de diciembre de 2008

El verdadero tesoro


Había una vez un derviche* que era muy sabio y que vagaba de pueblo en pueblo pidiendo limosna y repartiendo conocimientos en las plazas y los mercados del reino.

Un día, en Uq-far se le acerca un hombre y le dice:.

Anoche estuve con un mago muy poderoso, y él me dijo que venga hoy aquí, a esta plaza. Y me aseguró que me iba a encontrar con un hombre pidiendo limosna. Y que ese hombre me iba a dar un tesoro que iba a cambiar mi vida para siempre. Así que cuando te vi me di cuenta de que tú eres el hombre, dame mi tesoro.

El derviche* lo mira en silencio y mete la mano en una bolsa de cuero raído que trae colgando del hombro.

Debe ser esto -le dice.

Y le acerca un diamante enorme.

El otro se asombra.

Pero esta piedra, debe tener un valor increíble.

¿Sí? Puede ser, la encontré en el bosque.

Bueno, y cuánto te tengo que dar por ella.

Nada. ¿Te sirve para algo? A mí no me sirve para nada, no la necesito, llévatela.

¿Pero me la vas a dar así? ¿a cambio de nada?.

Sí…sí. ¿No es lo que tu mago dijo?.

¡Ah! Claro. Esto es lo que el mago decía, gracias.

Y el hombre agarra la piedra y se va.

Media hora más tarde vuelve.

Busca al derviche* hasta que lo encuentra y le dice:.

Toma tu piedra. ¿Qué pasa? -pregunta el derviche-*.

Dame el tesoro -dice el hombre-.

No tengo nada más que darte -dice el derviche-*.

Dame la manera de poder deshacerte de esto sin que te moleste.

*Derviche: (Del fr. derviche, este del turco dervis, y este del persa darviš, pobre, místico errante). Entre los mahometanos, especie de monje.

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