lunes, 3 de diciembre de 2012

Doctoras


Un mensaje hermoso:

“No te preocupes por no poder dar a tus hijos lo mejor de todo... dales... lo mejor de ti”...

Cierto día, una mujer llamada Ana fue a renovar su licencia de conducir. Cuando le preguntaron cuál era su profesión, ella dudó... no sabía bien cómo llamarla... el funcionario insistió: “lo que le pregunto es si tiene un trabajo”... “claro que tengo un trabajo”, exclamó Ana... “Soy madre.” “Nosotros no consideramos eso un trabajo. Voy a poner que es ama de casa”, dice el funcionario, fríamente.

Una amiga suya, llamada Marta supo de lo ocurrido y quedó pensando al respecto, por algún tiempo...

Un día, ella se encontró en idéntica situación. La persona que la atendió era una funcionaria de carrera, segura y eficiente. El formulario parecía enorme e interminable!
La primera pregunta fue: “¿Cuál es su ocupación?” Marta pensó un momento y, sin saber bien cómo, respondió:

“Soy doctora en desenvolvimiento infantil y en relaciones humanas”...

La funcionaria hizo una pausa... y Marta debió repetir lentamente, enfatizando las palabras más significativas. Luego de anotar todo, la joven osó indagar: “¿Puedo preguntar, qué es lo que hace... exactamente?”...

Sin la menor duda, con mucha calma, Marta respondió: “Desarrollo un programa a largo plazo, dentro y fuera de casa”.

Pensando en su familia, ella continuó: “Soy responsable de un equipo y ya recibí cuatro proyectos. Trabajo en régimen de dedicación exclusiva, el grado de exigencia es de 14 horas por día, a veces... hasta 24 horas”.

A medida que iba describiendo sus responsabilidades, Marta notó un creciente tono de respeto en la voz de la funcionaria, que finalizó el formulario sin hacerle más preguntas.

Cuando regresó a su casa, Marta fue recibida por su equipo: Una niña de 13 años, una de 7 y otra de 3...

“¿Mamá, dónde están mis zapatos?... ¿mamá, me ayudas con la tarea?... mamá, el bebé no deja de llorar... mamá, ¿me buscas de la escuela?... ¿mamá, irás a verme bailar?... ¿mamá, me compras...?... mamá...”

Subiendo la escalera, al piso superior de la casa, pudo oír a su más nuevo proyecto... un bebé de seis meses, ensayando un nuevo tono de voz.

Feliz, Marta tomó el bebé en brazos y pensó en la gloria de la maternidad, con sus muchas responsabilidades... y horas interminables de dedicación...

Sentada en su cama, Marta pensó: “Si ella era doctora en desenvolvimiento infantil y relaciones humanas... ¿qué serían las abuelas?”...

Y luego descubrió un título para ellas: Doctoras-sénior en desenvolvimiento infantil y en relaciones humanas. Las bisabuelas, Doctoras ejecutivas sénior. Las tías, doctoras-asistentes...

...Y todas las mujeres, madres, esposas, amigas y compañeras: ¡¡¡Doctoras en el arte de hacer la vida mejor!!!...

En un mundo en el que se da tanta importancia a los títulos, en que se exige siempre mayor especialización en el área profesional... ¡conviértase en una especialista en el arte de amar!...

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