lunes, 27 de agosto de 2012

ORACIÓN A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, PODEROSA Y PROTECTORA


Milagro que hizo Nuestro Señor del Perdón...

Había una mujer que habitaba en la montaña y tenía una vida arreglada. Esta deseó saber cuántas fueron las llagas que Cristo nuestro Bien, había recibido en su sacristísimo cuerpo, y pidió al Señor con mucha devoción que se las revelase. Se le apareció pues y le dijo: Has de saber que las llagas que recibí en mi cuerpo fueron cinco mil cuatrocientas cincuenta y cinco: Por lo que te digo que todo el que rezase en memoria de ellas quince Padrenuestros y Avemarías por espacio de un año, sacará quince almas del purgatorio, y se le remitirá la penitencia que debía hacer por otros tantos pecados mortales, y, además, obtendrá la gracia y la confirmación de las buenas obras.

Y asimismo, a quien rezase un año entero las oraciones, le daré quince días antes mi cuerpo a comer, y no tendrá hambre; mi sangre a beber, y no tendrá sed; le pondré delante la señal de la Cruz que le servirá de guarda y defensa, y le asistiré con mi Madre Santísima en la hora de la muerte, y recibiré su alma benignamente, la llevaré a los placeres eternos, y cuando la lleve le daré a beber la Divinidad; y a quien tuviere dolor y contrición de sus pecados, cumpliendo este rezo por espacio de un año, se los perdonaré todos, desde que nació hasta la muerte, y le libraré del poder del demonio y de su tentación, siendo malo se volverá bueno, y continuamente guardaré su alma de las penas del infierno, y lo que pidiere a mi Madre Santísima se lo concederé, dándole la vida para ir a vivir a mi reino, a fin de morar conmigo eternamente. Cualquiera que trajere consigo esta oración, y la diere a leer, o la enseñare a algunas personas, tendrá en esta vida placer y galardón.

Dondequiera que esté la oración, la casa será conservada en paz, así como conservé las pesadas aguas del mar. Cualquier persona, sea hombre o mujer, que tuviere esta oración, no morirá de muerte repentina ni será perseguida por sus enemigos, ni vencida por ellos en batalla o en prisión, ni ahogada en el mar, ni abrasada por el fuego, ni por rayos, ni acometida de gota coral, ni depondrá contra ella ningún testigo falso. Cualquier mujer que se halle de parto, llevando esta oración, parirá felizmente sin peligro. Esta oración la trajo de Roma don Juan Cardoso y se halló en un hombre que se había arrojado al mar con una piedra grande atada al cuello: Éste anduvo por espacio de tres días sobre las aguas sin ahogarse, y luego que le sacaron las olas, le encontraron dicha oración. El que la traiga, sea con mucha fe, porque Dios no sabe faltar, y todos los días dirá la oración siguiente:

“Mi Señor Jesucristo, acordaos de mí que soy pecador. Virgen Santísima, rogad por mí; siempre seréis alabada y bendita. Rogad por este pecador a vuestro amado Hijo. Preciosa hermosura de los Ángeles, de los Profetas, de los Patriarcas; corona de todos los Mártires, de los Apóstoles y de los Confesores; gloria de los Serafines; corona de las Vírgenes, libradme de aquella espantosa figura cuando mi alma saliere de mi cuerpo. ¡Oh, santísima fuente de piedad y hermosura de Jesucristo, alegría de la gloria, consolación del clero, remedio en los trabajos! Con Vos, Virgen prudentísima, se alegran los Ángeles. Encomendad mi alma y la de todos los fieles cristianos; rogad por nosotros a vuestro bendito Hijo, y conducidnos al Paraíso eterno, en donde reináis y vivís para siempre; y allí os alabaremos eternamente. Amén. Jesús”
“Soberana Virgen María, Madre de Jesús, Hijo de Dios vivo, pues le habéis parido: Rogad por todos los pecadores para que nos perdone. Libradnos del enemigo que nos combate, y concedednos la gloria eterna. Amén. Jesús”.

La penitencia consiste en rezar esta oración, más 15 Padrenuestros y 15 Avemarías durante un año.

Con la misma se liberan 15 almas del purgatorio que ayudarán a las personas que la lleven a cabo.

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