martes, 1 de abril de 2008

La Cajita Dorada.

Cuantas veces en la vida -tal vez, la mayoría del tiempo- sólo pensamos en lo material y por ende, soslayamos lo más valioso: los afectos, el cariño y el amor que nos brindan a diario las personas que nos rodean, amén de las no tan cercanas... valores hoy por hoy, casi extinguidos por la vorágine cotidiana de un mundo globalizado...


Hace ya un tiempo, un hombre castigó a su pequeña niña de 3 años, por desperdiciar un rollo de papel de envoltura dorado.

El dinero era escaso en esos días, por lo que se enojó muchísimo cuando vio a la niña tratando de envolver una caja para ponerla debajo del árbol de Navidad.

Sin embargo, la niña le llevó el regalo a su padre a la siguiente mañana y dijo:.

"Esto es para vos, Papito".

El se sintió avergonzado de su reacción, pero volvió a explotar cuando vio que la caja estaba vacía.

Le volvió a gritar diciendo:.

"¿No sabes que cuando das un regalo a alguien, se supone que debe haber algo adentro?".

La pequeñita lo miró con lágrimas en los ojos y dijo:.

"Papito, no está vacía, yo soplé besitos adentro de la caja, y eran todos para vos, Papi".

El padre se sintió morir; puso sus brazos alrededor de su niña y le pidió que lo perdonara.

Se cuenta que, el hombre guardó esa caja dorada cerca de su cama por años y siempre que se sentía derrumbado, el tomaba de la caja un beso imaginario y recordaba el amor que su hija había puesto ahí.

De alguna manera, cada uno de nosotros, hemos recibido un recipiente dorado, lleno de amor incondicional y besos de nuestros hijos, amigos, familia… o de Dios.

Nadie podría tener un regalo más hermoso que este.

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