miércoles, 10 de abril de 2013

Carta de Abraham Lincoln al maestro de su hijo


Querido profesor, él tendrá que aprender que no todos los hombres son justos, ni todos son sinceros, pero por favor dígale: “Que para cada villano hay un héroe”... “Que para cada egoísta hay también un líder dedicado”; enséñele, por favor, que para cada enemigo habrá también un amigo; enséñele que vale más una moneda ganada que una moneda encontrada.

Enséñele a perder, pero también enséñele a saber gozar de la victoria; apártelo de la envidia y dele a conocer la alegría profunda de la sonrisa silenciosa.


Hágalo maravillarse con los libros, pero déjelo perderse con los pájaros en el cielo, las flores en el campo, los montes y los valles.

En los juegos con los amigos, explíquele que la derrota honrosa vale más que la victoria vergonzosa, enséñele a creer en sí mismo, igual solo que contra todos.

Enséñele a ser amable con los amables y severo con los rudos; enséñele a no entrar nunca en el tren simplemente porque los otros entraron. Enséñele a escuchar a todos, pero a la hora de la verdad a decidir solo.


Enséñele a reír cuando esté triste y explíquele que a veces los hombres también lloran.

Enséñele a ignorar las multitudes que reclaman sangre y a luchar solo contra todos si él cree que tiene la razón.

Trátelo bien, pero no lo mime, pues solo la prueba del fuego hace el verdadero acero; déjelo tener el coraje de ser impaciente y la paciencia de ser corajudo.

Transmítale una fe sublime en el creador y fe en él mismo, pues solo así podrá tener fe en los hombres.

Yo sé que estoy pidiendo mucho, pero vea lo que pueda hacer, querido profesor.

Abraham Lincoln, 1830.

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