jueves, 6 de noviembre de 2008

Pilates Cerebral

Pilates Cerebral

¿Sufrís de olvidos?.

Yo ya no me acuerdo si los sufro...

¿Cómo se llama esa película en la que sale esta artista que es muy linda?... ¡Sí, la alta de pelo negro lacio! La que salió con ese actor espléndido que se llama, que trabajó en esa obra de teatro tan famosa... ¿ya sabés cuál digo, no?.

Así comenzamos…

Por lo general, a partir de los treinta años, empezamos a notar que tenemos pequeños olvidos:

• ¿Cómo se llama este tipo? Lo recontra conozco.
• ¿A qué hora era la cita, a las 5:00 ó 5:30?.
• ¿Cómo me dijeron que funcionaba esto?.
• ¿Dónde dejé las llaves?.
• ¿En qué piso estacioné el auto?.

Pero nada como cuando exclamamos: ¡Me robaron el coche!, sin darnos cuenta de que salimos por la puerta equivocada del shopping.

Aunque estos pequeños olvidos no afectan nuestra vida, nos producen ansiedad.

Con terror, pensamos que el cerebro empieza a convertirse en gelatina y nos preocupa quedar como la tía Anastasia, que recuerda con lujo de detalle todo acerca de su niñez en Mendoza, pero que no puede acordarse de lo que hizo ayer o esta misma mañana.

Si esto te resulta familiar, no te preocupes: hay esperanza.

Existen muchos mitos en los que las personas equivocadamente relacionamos la edad con la falta de memoria.

Los neurocientíficos han comprobado que la pérdida de memoria de corto plazo no se debe a la edad o a que las neuronas se mueran y no se regeneren, sino a la reducción del número de conexiones de las
neuronas entre sí o entre las dendritas (ramas de las neuronas).

Esto sucede por una sencilla razón: falta de uso. Es muy sencillo, así como se atrofia un músculo sin uso, las dendritas también se atrofian si no se conectan con frecuencia, y la habilidad del cerebro para meter nueva información se reduce.
Es cierto, el ejercicio ayuda mucho a alertar la mente; también hay vitaminas y medicinas que aumentan y fortalecen la memoria.

Sin embargo, nada como hacer que nuestro cerebro fabrique su propio alimento:.

Las
Neurotrofinas.

Estas, son moléculas que producen y secretan las células nerviosas, y actúan como alimento para mantenerse saludables.

Mientras más activas estén las células del cerebro, más cantidad de neurotrofinas producen, y esto genera más conexiones entre las distintas áreas del cerebro.

¿Qué podemos hacer?.

Lo que necesitamos es hacer pilates con las neuronas:.

• Estirarlas,
• Sorprenderlas,
• Sacarlas de su rutina,
• Presentarles novedades inesperadas y divertidas a través de las emociones, del olfato, la vista, el tacto, el gusto y el oído.

¿El resultado? El cerebro se vuelve más flexible, más ágil, y su capacidad de memoria aumenta.

Probablemente pienses…

Yo leo, trabajo, hago ejercicio y mil cosas más durante el día, así que mi mente debe estar muy estimulada.

La verdad es que la vida de la mayoría de nosotros se lleva a cabo dentro de una serie de rutinas.
Pensá en un día o semana común y corriente:.

¿Qué tan diferente es tu rutina de la mañana, tu ruta hacia el trabajo, la hora en la que comés o volvés a tu casa? ¿El tiempo que pasás en el auto? ¿El tiempo y los programas que ves por televisión?.

Las actividades rutinarias son inconcientes:.

Hacen que el cerebro funcione en automático, y requieren un mínimo de energía.
Las experiencias pasan por las mismas carreteras neuronales ya formadas.

No hay producción de neurotrofinas.

Algunos ejercicios que expanden sustancialmente las dendritas y la producción de neurotrofinas:

Intentá, por lo menos una vez por semana, ducharte con los ojos cerrados. Sólo con el tacto, localizá las canillas, ajustá la temperatura del agua, buscá el jabón, el shampoo o crema de afeitar. Verás cómo tus manos notan texturas que nunca antes habías percibido.

Utilizá la mano NO dominante. Comé, escribí, destapá el dentífrico, lávate los dientes, abrí un cajón, etc., con la mano que más trabajo te cueste usar.

Leé en voz alta. Se activan distintos circuitos que los que usás para leer en silencio.

Cambiá tus itinerarios, tomando diferentes caminos para ir al trabajo o a tu casa.

Modificá tu rutina. Hacé cosas diferentes. Salí, conocé y conversá con personas de diferentes edades, trabajos e ideologías. Experimentá lo inesperado. Usá la escalera en lugar del ascensor. Salí al campo, camínalo, huélelo.

Cambiá la ubicación de algunas cosas. Al saber dónde está todo, el cerebro ya construyó un mapa. Cambiá, por ejemplo, el lugar del tarro de la basura; verás la cantidad de veces que arrojás el papel al lugar anterior.

Aprendé algo nuevo; cualquier cosa: fotografía, cocina, yoga, un idioma... Si te gusta armar rompecabezas o el modelismo, tápate un ojo para perder la noción de profundidad, por lo que el cerebro tendrá que usar otras vías.

Identificá objetos como monedas. Poné en tu coche una taza con varias monedas diferentes, y tenlas al alcance de la mano para que, mientras estés parado por un semáforo, con los dedos trates de identificar la denominación de cada una.

¿Por qué no abrimos la mente y probamos estos ejercicios tan sencillos que, de acuerdo a los estudios de Neurobiología del
Duke University Medical Center, amplían nuestra memoria?.

Con suerte, nunca más volveremos a preguntar:.

¿Dónde dejé mis llaves?.

Espero que te sirva. Y no te olvides de pasar un día DISTINTO.

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