lunes, 17 de diciembre de 2007

El florero de porcelana

El gran maestro y el guardián dividí­an la administración de un monasterio Zen.

Cierto día, el guardián murió y fue preciso sustituirlo.

El gran maestro reunió a todos los discípulos para escoger, quien tendrá la honra de trabajar directamente a su lado.

"Voy a presentarles un problema y aquel que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del templo".

Terminó su corto discurso, colocó un banquito en el centro de la sala.
Encima estaba un florero de porcelana carísimo, con una rosa roja que lo decoraba. "Este es el problema" dijo el maestro.

Los discípulos contemplaban perplejos, por lo que veían; los diseños
sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor.
¿Qué representaba aquello?, ¿Qué hacer?, ¿Cuál sería el enigma?.

Después de algunos minutos, uno de los discípulos se levantó, lo miró al maestro y a los alumnos, caminó resolutamente hasta el florero y lo tiró al suelo destruyéndolo.

"Usted es el nuevo guardián".

Al volver a su lugar el alumno el gran maestro se explicó:.

"Un problema es un problema"; puede ser un florero de porcelana muy caro, un lindo amor que ya no tiene sentido, un camino que precisa ser abandonado, -por más que insistimos en recorrerlo porque nos trae confort-.

"Solo existe una manera de lidiar con un problema":. Atacándolo de frente.

En esas horas, no se puede tener piedad, ni ser tentado por el lado fascinante que cualquier conflicto acarrea consigo.

Paulo Coelho.
Cuentos del Alquimista.

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