viernes, 22 de febrero de 2008

El dulce sabor de una mujer exquisita.

Una mujer exquisita, no es aquella que más hombres tiene a sus pies, sino aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz.

Una mujer hermosa, no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo, es aquella que, con tan sólo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida.

Una mujer valiosa, no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño temporalmente por hacer felices a los demás.

Una mujer exquisita, no es la más ardiente, (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes... Los que estamos fuera de foco somos los hombres), sino, la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama.

Una mujer interesante, no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia, es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO.

Y un hombre... un hombre exquisito, es aquel que valora a una mujer así... Que se siente orgulloso de tenerla como compañera.... Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento... Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y atender tripones, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes...

La verdad, amigos hombres, es que las mujeres en eso de ser “Muy machas”, nos llevan un gran recorrido... ¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el regalo solamente por la vistosidad de su empaque!...

¡Tonto! y mil veces tonto el hombre que come mierda en la calle, teniendo un exquisito manjar en casa.

Gabriel García Márquez.

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